Buscando desesperadamente una fuente (municipal o no)
El otro día estuve hablando con una fuente municipal. Intenté desesperadamente que me diera un soplo, una exclusiva, que cometiera el desliz de opinar sobre algún tema peliagudo que me proporcionara material para un artículo pero no tuve éxito.
Intenté mostrarme cómplice, afín, comprensivo e interesado por todo aquello que pudiera contarme pero sólo obtuve silencio y frustración. Probé con estrategias más sutiles, iniciando conversaciones intrascendentes sobre temas irrelevantes para ganarme su confianza pero nada. Ni por esas.
Decidí entonces cambiar de estrategia. Intenté hablar con otra fuente y mi suerte no mejoró. Tampoco quiso decirme nada. Utilicé las mismas tácticas, incluso otras más arriesgadas que me llevaron a mojarme más de la cuenta pero el resultado fue el mismo: silencio absoluto.
Decidí entonces enfocar mi investigación en otra dirección. Había leído algo basado en informaciones proporcionadas por “fuentes cercanas al gobierno” y pensé que sería más fácil con una referencia física sobre la que guiarme.
Fue entonces cuando descubrí aterrado que no había ni una sola fuente cerca del Ayuntamiento de mi ciudad, hecho que aumentó exponencialmente mi confusión y mi desesperación.
Pensé entonces en los grandes periodistas Woodward, Bernstein y su “garganta profunda” y pensé que eso era mucho más fácil de encontrar que, por ejemplo, una fuente judicial que, sinceramente, no tenía ni idea de qué aspecto podría tener.
Y debo reconocer que aunque fue mucho más excitante, placentero y caro que mis intentos frustrados con las fuentes municipales, tampoco obtuve material con el que impresionar a mis jefes. Estaba desesperado. Mis ocho años de carrera no me estaban sirviendo para nada. ¡Y mira que la tercera vez que me presenté a “Métodos y técnicas de investigación en comunicación de masas” saqué buena nota!
Pero la realidad me estaba estropeando no sólo un buen titular, sino todas mis esperanzas de hacerme con un nombre en el mundillo.
Pero el azar, el destino o lo que fuera hizo que mi suerte cambiara. De pronto apareció una nota de prensa en mi correo electrónico que me permitiría no sólo redactar mi primer artículo sino también presentarme ante mis jefes como un innovador del periodismo.
Cogí la nota de prensa de tres folios, cambié el orden de los párrafos y titulé: “Según fuentes electrónicas, ya están a punto los preparativos de la Fiesta Mayor”. Sigo sin entender por qué mi jefe no quiso publicarlo.
PRODUCCIONES DOBLE HACHE

jane's addcition dijo
Jaja! que grande... identíficate! o al menos danos una pista. Si es que la época del gran periodismo ha muerto, eso lo sabemos hace años
5 Octubre 2006 | 04:53 PM