"Un grupo de seis jóvenes vinculados a la iglesia de Sant Miquel --en el barrio del Padró de Cornellà-- están preparando la mesa para la cena en una sala parroquial. Será algo informal: embutidos, pan con tomate, tortilla de patatas hecha por ellos mismos y un postre casero. Todo muy familiar. Sin lujos. Hasta la vajilla será de usar y tirar. Y eso que tendrán a un invitado de excepción: el alcalde de la ciudad, Antoni Balmón (PSC), que lleva unos meses cenando una vez por semana en domicilios particulares..." Así empieza ese espléndido reportaje de El Periódico sobre esa extraña costumbre del alcalde de ir a cenar con los ciudadanos: ¿es que el sueldo no da para comprar comida? Desde aquí invito al autor del artículo a regalarnos una Cara B del asunto: alguien eruptó durante la comilona? utiliza Balmón palillo después de comer o la ibérica uña? trajo los postres?
Julius F. R.
Vale, vale, ahora hablo con el disk-jockey.
El disk-jockey ha metido la gamba y ha dedicado la cara B a cancerbero en vez de a Julius F.R. (no se por qué habrá tenido este lapsus, la verdad). Pues nada que le perdoneis. Es que todavía tiene pesadez de estómago el pobre, porque sí le dieron de cenar pero nada de bicarbonato después, con lo que sufre de la úlcera este hombre.
planyo al Xavi per haver hagut de fer aquests reportatges pastelosos... M'imagino la seva cara i el seu posat a l'hora d'anar a cobrir aquesta magnífica exclusiva que el PSC -suposo que això no va ser cosa de l'infumable PDF- va obsequiar als seus amics del Periódico...
Tot i que ja sabeu que no sóc partidari que les administracins obsequïn i premiïn amb exclusives als diaris, mitjans i periodistes amics, les d'aquest tipus les regalo totes!!!
Quizá recordéis que en una de las innúmeras convocatorias del hotel Hesperia Tower (creo que el día de colocación de la claraboya y de presentación de Evo, el restaurante de Santi Santamaría) Corbacho dijo que siempre había tenido un problema: que cuando venían amigos suyos a Hospitalet no tenía hoteles para alojarlos ni buenos restaurantes (recuerdo incluso que habló con cariño pero con distancia de las casas de comidas y los bares de menú) a los que llevarlos a comer. Cuestión de estilo.