Después de dos años, otra vez Alimentaria. Pocas cosas han cambiado. He aprendido a que es mejor beber vino, que no beberlo. No lo digo únicamente por sus efectos neuronales, sino porque lo dice así un danés llamado Morten Groanbaek, que por lo que se ve sabe mucho. Que un corresponsal, cuando la feria es grande y los regalos son previsibles pinta menos que los del Río en un festival heavy -en 3GSM, al que no fui, ya me han comentado los móviles que regalaban...- Que los colores no importan tanto como los sabores, que lo importante es hacer negocio y que la gente se mueve más por el estómago que por ideas difusas como la paz o la solidaridad. He visto una amplia colección de personas cuya primera y más básica ambición era comer gratis. ¿El qué? Da igual. Comer gratis. He visto como de nuevo las prostitutas aguardaban a posibles clientes en el cierre de la feria, como señores mayores iban cogidos de la mano, felizmente, de chicas más jóvenes y con pinta de secretarias. He sufrido de nuevo taxistas que son capaces de coger las curvas rectas e ir a 140 kilómetros hora por la ronda para poder hacer un nuevo viaje. Taxistas que se peleaban por su ticket de 1,5 euros. He experimentado atascos a primera hora de la mañana, madrugones para preparar temas similares a los de años anteriores. Ruedas de prensa infumables con tipos raros a los que no entendía. He sufrido de nuevo lo cansado que es andar sobre moqueta. He experimentado la buena sensación que era tener, de alguna forma, horarios. Cuando se chapaba Alimentaria era como cuando se acababa el mundo. He hablado con gente muy diversa y, curiosamente, bastante amable aunque les salieran euros en forma de macarrones por los oídos. He sufrido llamadas interesadas buscando un breve furtivo. He pasado hambre. Me alegro que esto se haya acabado. Y, una vez más, aunque haya muerto en el intento más de alguna de mis neuronas, he sobrevivido.
Alhakem el culinario
Solidaridad, Alhakem, de alguien que inauguró y clausuró Alimentaria, pero que entre semana no volvió a pisar los recintos feriales. El viernes, después de grabar mi última crónica del salón, me dispuse a salir del recinto por la avenida de Maria Cristina. Un tipo me asaltó y me dijo si le podía pasar su pase al señor que estaba fumando e iba con corbata, que se encontraba en la puerta de entrada. Lo miré, me miré el pase y escuché detrás mío como otro tipo decía "Venga, pásalo, hombre, pásalo". Cogí el pase y se lo di disimuladamente al señor de la corbata: un tipo barrigudo, fumador, que ni me dio las gracias. Cosas de alimentaria.
Te podías haber sacado, como poco 10 euros. Es al precio más bajo al que se vende (igual que Construmat). El salón del AUtomóvil son unos 12 euros, creo. No es coña.
¡Hey, TSAA, yo a veces he hecho eso con la entrada que nos daba -ya no- la empresa para lo del festival porno de La Farga! Supongo que a la hora de cobrar las crónicas no os habrán dicho que las cobráis más baratas porque habéis comido de gorra. A los 'alimentarios', por qué no hacer un ránking de las exquisiteces que habéis paladeado.
Andaaa, vaya trapis con las acreditaciones y yo sin enterarme!!!! pero que pardi que soy, neeeeen! Amigo Amadeo, hay mucho mito y poca chicha: tuve delante mío platos tipo "peras al vino en deconstrucción con sorbete de manzana ácida y caramelo de yogur", o "verduras orgánicas sobre romesco, jamón ibérico, cigalas alberdadas y raviolis de habita tierna", o bien "ostra del delta con aire de haba tónica y sorbete de hinojo", pero no caté ninguna de estas delicatessen!!!! sólo caté pizza, macarrones, helado (menú infantil), ahumados, cerveza Moritz y vino, muuuuucho vino. Y muy rico todo, lástima que hubiera que contenerse.
¡Joé, J'A, no te quejes, que tú al menos pillaste algo1 Yo he estado en la redacción, maniatado, sin probar bocado y viendo como vosotros os poníais hasta las cejas. Lo que hubiera dado yo por darme un paseíto por allí y catar algo, aunque hubiera sido bollería industrial. De hecho, a mí unas cervecillas Moritz, unas pizzas y unos ahumados ya me parecen un menú excelente. Yo es que soy muy basto.
Jolín, te sacas más pasta traficando con los pases que haciendo una crónica para la radio. Cómo está la profesión! Yo en Alimentaria no probé nada, lo juro, tan sólo unas galletas integrales que había en la cafetería.