Esta mañana he tenido el placer de compartir con los jefazos de Seat una agradable rueda de prensa en medio de una nave industrial de los años sesenta, con un olor a caucho que tiraba para atrás. Se trataba de dar a conocer los resultados de la compañía de 2005, que no podían ser más que negativos después de haberse pulido a más de 1.300 personas en diciembre (más que nada, por la pasta que se gastaron en indemnizaciones).

Ha sido una rueda de despropósitos. Primero, porque a las radios no nos dejaban poner las sillas al lado del rack (que estaba, literalmente, a 15 metros de la última fila de sillas). Los muy pijos decían que no quedaba bien estar todos arracimados entorno al rack, que es nuestro mejor amigo. Al final, han sacado unos megacables y todos nos hemos sentado como en el colegio.

En la silla tenías el auricular para la traducción simultánea, la libreta y el boli de Seat. Como soy ahorrador, he cogido las herramientas aportadas por la empresa y he empezado a tomar notas. Al cabo de veinte minutos, el boli ha dejado de funcionar. Ya le podías soltar el aliento que no pintaba. He pensado que hoy estaba gafado. Pero mi sorpresa ha sido cuando a la compi de CatRàdio también le ha dejado de funcionar el boli cinco minutos después. Vale que han tenido pérdidas, vale que tienen que vender más coches, pero tampoco es cuestión de que compren los bolis en el todo a cien.

Julius F. R.