El viernes pasado tuvo lugar un hecho informativo de esos estrictamente hospitalenses, puesto que, salvo los medios locales, ningún corresponsal comarcal acudió a la cita. Me refiero a una visita que el alcalde de Hospitalet realizó al Gornal para esbozar alguno de los proyectos de un plan de actuación urbana.

En los últimos días de habían publicado noticias diversas sobre pisos públicos todavía por entregar por parte de ADIGSA después de meses y años, pisos ocupados a la brava y anuncios de deshaució contra inquilinos que parece no pagar el alquiler. Todo ello completado con un clima social de gran crispación por lo que un grupo de vecinos percibe como un trato de favor hacia los immigrantes a la hora de adjudicar pisos públicos y facilitar el acceso a algunos puestos de trabajo. Coordenadas características de un contexto de xenofobia evidente. De hecho, esa situación se reprodujo a lo largo y ancho de la visita por el Goenal, en cada parada en la que la comitiva coincidió con vecinos del barrio.

A poco de salir de una reunión en la concejalía con representantes de entidades y vecinos particulares, Corbacho fue increpado ostensiblemente por una exaltada vecina que le recriminaba lo apuntado en el párrafo anterior. Entre otros calificativos, esta vecina le dijo sinvergüenza y ladrón. Corbacho, en un tono igualmente agrio, le dijo que no le toleraba que empleara argumentos racistas y que le daba igual si le votaba o no en las próximas elecciones. De hecho, tras aguantar el chaparrón durante unos minutos, el alcalde de Hospitalet y presi de la Dipu dijo que ya estaba bien y que continuábamos con la visita, pero entonces esta vecina le repitió lo de sinvergüenza y añadió que se estaba llenando los bolsillos. No sabría decir si fue este último extremo o el hartazgo que había ido acumulando, pero el caso es que en ese momento se giró y con la mano extendida y el brazo y al antebrazo describiendo un ángulo de 45 grados, Corbacho le dijo que no la insultara en un tono aún más agrio que antes.

Juro que la posibilidad de que le metiera una galleta no me pareció lejana, lo cual hubiera sido un auténtico marrón. Porque, si bien no me parece necesario recrearse en la suerte de una vecina que puede esgrimir argumentos racistas fruto de la desesperación, lo que me hubiera sido imposible de obviar es que el alcalde hubiera siquiera dado un empujón a una ciudadana. Lo del perro que muerde al señor o el señor que muerde al perro, vamos.

Por cierto, ya que esto es una care B, os contaré que, incluso después de haber constatado éste y otros precedentes, desde el departamento de Prensa se nos dijo que sobre este asunto no formuláramos pregunta alguna al alcalde, que ¡manda cojones, como si el problema no existiera y como si la mañana no hubiera ido por derroteros que había ido! No obstante, lo hicimos, una unidad informativa de la TV de Hospitalet, en concreto, y ello tuvo posteriores consecuencias. Desde prensa del Ayuntamniento a ..., y así hasta llegar a ... No es un sudoku, pero seguro que sois capaces de completar la secuencia.

Amadeo Torner (El)