Las diferencias salariales y de condiciones de trabajo entre el corresponsal de un medio de comunicación en Bruselas o Nueva York y entre el corresponsal de ese mismo medio pongamos por caso en la comarca del Baix/Bajo Llobregat (Barcelona) son evidentes. Como periodista y miembro del Sindicato de Periodistas de Cataluña me interesa -porque me indigna- el alto grado de precariedad laboral que sufren estos colegas. Por ello, voy a ir publicando pinceladas que espero ayuden a que nos hagamos una idea de conjunto.
Ser corresponsal supone que algún alto responsable de una emisora de radio de ámbito nacional confortablemente instalado en su despacho en Madrid te llame para que en las primeras horas del 1 de enero te desplaces a la factoría de SEAT en Martorell para preguntar a los empleados que tal ha ido el primer turno sin poder fumar. Precio de la crónica -desplazamiento, manutención y vehículo incluidos- en torno a 15 euros. ¡Tócate el níspero!
Amadeo Torner (El)
No hace falta que te llamen desde Madrid. En Barcelona saben tocarte también bien las narices. Una contrariedad -la de tocarte las narices- a la que se suma también los tópicos que puede tener adquirido el superior que te llama y que da ya por hecha el resultado de la crónica-investigación antes que esté acabada. Luego vienen las discusiones, pero aunque creas que la razón ha ganado queda otro factor que lo puede acabar por desvituarlo todo: Ese ser es quien te la acaba editando. Tú das la cara.
Estoy de acuerdo: no es necesario que sea desde Madrid. Yo tuve la experiencia de ser corresponsal en Euskadi para una potente radio de Catalunya. Prácticamente 24 horas de servicio, te llamaban sobretodo los fines de semana (no tenemos vida personal los corresponsales) para cubrir los huecos dejados por otros ámbitos y pagaban una miseria por kilometraje, sin tener en cuenta las carreteras de Euskadi. Si reivindicas alguna mejora (yo al principio incluso tenía que pagar en la mayoría de los casos las llamadas telefónicas de mi bolsillo) no te tratan como un profesional: simplemente, un corresponsal es prescindible. Se puede suplir con agencias y notas de prensa. Lo que me parece es que si un medio de comunicación decide tener un corresponsal (todo un lujo!), éste debe ser tratado con dignidad y no con palmaditas en la espalda.
Qué decir! A mi aún me deben dinero y, cómo se reclama, sin contrato y tratos siempre verbales? Cruzo los dedos para que recuerden que deben enviarme las retenciones (porque retenciones sí las hay)para hacer mi delcaración de la renta.
Yo tengo la suerte de tener mi contrato y mi sueldo fijo, pero como casi todos he pasado por la etapa de precariedad que representa una corresponsalía. Aún le recuerdo a mi jefe el mal momento que me hizo pasar cuando un sábado, ya metidita en la cama para intentar sobrellevar la que posiblemente era la peor resaca de mi vida, me llamó para trabajar porque claro, a un redactor no se le podía molestar un fin de semana. Para eso están los colaboradores. Creo que por entonces (entre el 98 y el 2000) la obertura iba a 2.000 o 2.500 pelas....
Yo hace unos meses tenía que ir al médico, todo el día haciendo pruebas y mi jefe insistiendo que tenía que seguir un tema. Que podía aprovechar en el momento que tenía para comer para hacer unas llamadas y buscar un ordenador para pasar la crónica. Es un tipo muy humano, el típico que te llama todos los domingos que él está de guardia a las 19 horas sólo para tocarte los cojones. ¿A este no lo podría juzgar el tribunal de la Haya?
Una de las prácticas más sangrantes de los medios en relación a las corresponsalías es la de las vacaciones. Esa obligación de dejar a un suplente cada vez que te quieres coger unos días de descanso y, no digamos, cuando te quieres coger unas semanas, roza el esclavismo. Una cosa es que te inviten a dejar a alguien, y otra es, como pasa en la mayoría de los medios, que te obliguen a dejar a alguien porque sino no te dejan irte de vacaciones. Y no te cojas muchos días porque, claro, no se va a quedar la comarca con un corresponsal suplente. ¿Y si pasa algo gordo? Pues si pasa algo gordo, que el suplente lo cubra, que no dejas a un cualquiera, siempre nos preocupamos de dejar a alguien que sepa juntar letras con sentido, hacer entrevistas, titulares y consultar las fuentes. Y, sino, que mueva el culo alguien de redacción y venga a cubrir el bombazo.
Yo detesto ser corresponsal. Con los años creo que detesto el periodismo en sí por lamentable y zafio. Pero creo que ser redactor todavía es peor porque si eres muy malo puedes acabar siendo jefe y ¿qué es un jefe? Un amargao que cobrará un pastón pero que no ve a su familia (si es que la tiene y si es que ésta no le odia)ni sabe lo que se cuece en la calle porque nunca la pisa (está de cierre o maquetando o reunido) Bueno ahora la pisan más porque ya no pueden fumar dentro de la redacción. Ja, ja, ja!
Nada que yo en otra vida quiero ser concursante de Gran Hermano o si me apurais Nuria Bermudez, que también hace de periodista y a demás se pega una jartá de follar con futbolistas famosos.